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A unos 100 sinuosos kilómetros río abajo desde El Castillo, en el extremo sur oriental de Nicaragua, habita una variada mezcla de unos 900 residentes en la pequeña— pero históricamente inmensa— población de San Juan del Norte. Conocido también como Greytown, por haber sido lugar donde los ingleses se establecieron— después de ser invadido por Sir Charles Grey, gobernador de Jamaica en 1848— este alejado y húmedo paraje puede ser considerado, más que ningún otro lugar de Nicaragua, el más distante de todos.

El pueblo fue reconstruido sobre nuevos cimientos, luego de subsistir con una población reducida a 300 habitantes, la mayoría “creoles” o de ascendencia afro-caribeña, hasta la década de 1980 cuando fue definitivamente destruido en una de las tantas confrontaciones militares entre el ejército sandinista y los llamados “contras”.

Ahora descansa escondido entre los salobres pantanos de la desembocadura del río San Juan. El lugar donde se encontraba el viejo Greytown y su cementerio, donde pequeñas y apartadas tumbas de Ingleses y Americanos reafirman la rica historia del poblado, está cubierto de espesa vegetación que le da un aire fantasmal por lo que se debe visitar con la ayuda de un guía local.

Es impresionante visitar el antiguo campo santo cos sus herrumbrosas verjas de hierro forjado en estilo Art Nouveau, lápidas de mármol con motivos neoclásicos , y sus mausoleos y tumbas acechados por la selva vecina que intenta tragárselos. Un corto sendero que parte de la laguna conduce a estas reliquias abandonadas.

Muchos de los que han realizado el viaje a San Juan del Norte afirman que vale la pena ya que se puede igualmente disfrutar de una cerveza costarricense, como de un juego de dominó con pescadores amantes del reggae, o con algún personaje peculiar del lugar. También nos alertan acerca de la gran cantidad de mosquitos y de las continuas lluvias.